Investigar, probar y volver a intentar. Estudiantes de Ingeniería Civil de la Universidad de Chile trabajaron para encontrar una mezcla capaz de responder a un desafío que iba más allá de lo aprendido en clases. El objetivo era conseguir un mortero que alcanzara un equilibrio entre fluidez y resistencia a la segregación, considerando además su costo y huella de carbono.
El esfuerzo tuvo resultados. En la primera participación del Departamento de Ingeniería Civil (DIC) en el Desafío Nacional del Hormigón, realizado el viernes 21 de agosto en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Santiago de Chile, uno de los dos equipos representantes de Beauchef obtuvo el primer lugar de la competencia, en la que participaron más de 20 equipos de 14 universidades del país.
El grupo ganador estuvo conformado por los estudiantes Carlos Rubilar, Augusto San Juan y Agustín González, mientras que el segundo equipo estuvo integrado por Diego Ruiz, Felipe Torres, Francisco Godoy y Martina Morales. Ambos grupos contaron con el apoyo del académico Diego Pizarro, quien incentivó a las y los estudiantes a participar del desafío.
Organizado por el Centro de Innovación del Hormigón UC, el certamen reunió a estudiantes de pregrado de distintas instituciones del país en torno a un problema real de la industria. En su tercera edición, la competencia se basó en el ACI Mortar Workability Competition del American Concrete Institute y desafió a los equipos a desarrollar una mezcla eficiente, estable y sustentable.
Un desafío fuera de la sala de clases
Más que llegar a una fórmula determinada, la competencia exigía tomar decisiones, experimentar y resolver un problema abierto. Para Diego Pizarro, esa fue precisamente una de las características que hizo especialmente valiosa la experiencia.
“Fue una experiencia increíble. Como profesor nuevo me dio mucha alegría ver lo motivados que son los alumnos frente a un problema abierto”, señaló el académico.
Durante la preparación, ambos equipos investigaron de manera autónoma, buscaron distintos materiales y realizaron numerosas pruebas para comprender cómo cada modificación podía afectar el comportamiento de sus mezclas.
Diego destacó especialmente la dedicación y curiosidad demostrada por los dos grupos, recalcando que ambos llegaron a la competencia con propuestas altamente competitivas.
“Estoy muy orgulloso de todos los alumnos que participaron. Los dos grupos tenían mezclas igual de buenas y competitivas”, afirmó.
Para el académico, la experiencia también permitió observar la capacidad de las y los estudiantes para enfrentarse de manera independiente a un problema de ingeniería, investigar alternativas y proponer sus propias soluciones.
Aprender a través de la prueba y el error
La participación del segundo equipo, conformado por Diego Ruiz, Felipe Torres, Francisco Godoy y Martina Morales, también estuvo marcada por un intenso proceso de preparación.
A lo largo de este proceso, el grupo realizó distintas pruebas en busca de una mezcla óptima. Cambiaron arenas, buscaron materiales y fueron modificando pequeñas variables para observar cómo estas afectaban propiedades como la fluidez y la segregación.
Para Martina Morales, fue precisamente ese proceso el que terminó convirtiéndose en uno de los principales aprendizajes de la experiencia.
“Aprendimos un montón. Yo creo que en estas tres semanas aprendimos muchísimo sobre hormigón”, comentó la estudiante.
Modificar la cantidad de un material, cambiar una arena por otra más fina o trabajar con distintos niveles de humedad podía cambiar completamente el resultado. Así, cada prueba los obligaba a comprender qué estaba ocurriendo y a tomar nuevas decisiones para acercarse a la mezcla que buscaban.
Aunque el día de la competencia el equipo enfrentó dificultades inesperadas debido a la humedad de la arena, la experiencia también dejó otro aprendizaje: la colaboración que se generó entre participantes de distintas universidades.
Ante el problema, estudiantes de otras instituciones les facilitaron implementos y los ayudaron a acondicionar el material para que pudieran continuar participando.
“A pesar de ser una competencia, todos nos ayudaron un montón”, destacó Martina, quien valoró el ambiente y la solidaridad que se generó durante la jornada.
Los detalles detrás del primer lugar
Para Carlos Rubilar, integrante del equipo ganador, la preparación significó llevar a la práctica conocimientos adquiridos en distintos cursos de la carrera, pero también estudiar variables que inicialmente no habían considerado.
El equipo trabajó en la optimización de la mezcla, analizó el hormigón desde su comportamiento como fluido, probó distintos tipos de arena y evaluó diferentes configuraciones granulométricas hasta alcanzar la propuesta con la que se presentaron al desafío.
“Creo que justamente esa preocupación por cada detalle y el apuntar a un procedimiento fuera de lo común fue lo que nos permitió, como equipo, obtener el primer lugar”, explicó Rubilar.
La decisión de explorar una alternativa poco convencional estuvo presente desde el comienzo. Pizarro recuerda que el propio equipo manifestó su intención de abordar el problema de una forma distinta, estrategia que apoyó y que finalmente les permitió alcanzar el mejor resultado de la jornada.
El triunfo, sin embargo, abre un nuevo desafío. El equipo ganador representará a Chile en la competencia estudiantil del American Concrete Institute (ACI), que se desarrollará entre el 11 y el 14 de octubre en Atlanta, Georgia.
De cara a esta nueva instancia, el grupo ya se encuentra pensando en cómo seguir perfeccionando su propuesta.
“Queremos explorar nuevos materiales que nos permitan reducir costos y huella de carbono. También probar distintas arenas, caracterizar sus propiedades y seguir afinando su granulometría”, adelantó Carlos.
De una primera participación a representar a Chile
El resultado adquiere un significado especial al tratarse de la primera participación del DIC en el Desafío Nacional del Hormigón. Dos equipos llegaron por primera vez a la competencia y uno de ellos terminó adjudicándose el primer lugar.
Para Pizarro, más allá del triunfo, la experiencia demostró lo que las y los estudiantes pueden conseguir cuando cuentan con espacios para investigar, experimentar y enfrentarse a problemas que no tienen una respuesta predeterminada.
Ahora, el desafío continúa fuera de Chile. Carlos Rubilar, Augusto San Juan y Agustín González se preparan para llevar su propuesta a Atlanta y representar al país y a la Universidad de Chile en la competencia estudiantil del ACI.
Una nueva etapa para un camino que comenzó entre pruebas, distintos tipos de arena y muchas mezclas en Beauchef, y que en octubre tendrá su próximo desafío a más de siete mil kilómetros de distancia.

