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De Beauchef al mundo: la experiencia de intercambio de estudiantes del DIC

De Beauchef al mundo: la experiencia de intercambio de estudiantes del DIC

Compatibilizar la malla curricular de Ingeniería Civil con una estancia en el extranjero requiere determinación y una planificación rigurosa. Sin embargo, para tres estudiantes del Departamento de Ingeniería Civil (DIC), esta ha sido una experiencia formativa que ha redefinido sus perspectivas sobre la disciplina y su futuro profesional. 

 

El rigor de la formación nacional en el extranjero 

Uno de los aspectos que más destacan los estudiantes es la solidez de la base técnica recibida en la Facultad. Para Maite Glisser, quien cursó su semestre en la Universidad Politécnica de Valencia, la diferencia en la profundidad académica fue notoria desde el primer día. 

"Siento que en Civil enseñan mucho mejor y a mayor profundidad. Allá los ramos eran más superficiales; lo que aquí vemos en dos cursos, allá se condensaba en uno solo", explica Maite. En este camino, Maite destaca que el acompañamiento del Departamento resultó fundamental para concretar la partida. “Con el profesor Alberto ‘Beto’ de la Fuente la disposición fue súper buena; me orientó en los ramos y logramos un acuerdo de convalidación rápido", explica Maite, añadiendo que, según ha conocido por otras experiencias, no siempre resulta sencillo. 

Por su parte, Rodolfo Mercado, quien estudió en la histórica Universidad Sapienza de Roma, coincide en que la especialización europea ofrece una mirada distinta. "Los cursos allá son mucho más específicos. Profundizamos en materias técnicas con un nivel de detalle que me motivó a proyectar un magíster en el futuro", señala. 

 

Innovación y nuevas fronteras tecnológicas 

En el caso de Vicente Sará, su paso por la Universidad Politécnica de Madrid estuvo marcado por la vanguardia tecnológica. Durante su estadía, cursó una titulación en programación aplicada, donde desarrolló una Inteligencia Artificial para predecir la demanda energética de viviendas según sus parámetros arquitectónicos. 

"El intercambio me permitió ver que la ingeniería civil tiene un espectro de acción mucho más amplio. Se necesitan ingenieros en la gestión, en el mantenimiento y en la tecnología aplicada a todas las áreas de funcionamiento de una ciudad", relata Vicente. Esta experiencia le abrió puertas inmediatas, recibiendo invitaciones para continuar sus estudios de postgrado en la institución madrileña.

 

Autonomía y compromiso con la disciplina 

Al igual que en otros roles de representación o participación universitaria, el desafío de equilibrar estas responsabilidades con la vida en el extranjero ha sido constante. Rodolfo destaca el fortalecimiento de su autoconfianza: "Vivir solo afuera me hizo darme cuenta de que soy capaz de sobrellevar problemas de forma independiente. Los nervios por el idioma se quitan después de una semana". 

La valoración social de la carrera en Europa también marcó la visión de los estudiantes. "Me sorprendió lo respetada que es la ingeniería civil allá; se considera una de las profesiones más difíciles y valoradas en el campo laboral", comenta Maite. 

Finalmente, los tres estudiantes coinciden en que el intercambio es un hito que redefine la trayectoria de cualquier formación. Para Maite Glisser, el balance es absoluto: “Es la mejor decisión que he tomado en mi vida. Creces como persona y como profesional”, afirma con convicción. 

​Por su parte, Vicente Sará enfatiza que los temores iniciales palidecen ante los resultados: “Los beneficios en términos de visión de mundo y contactos profesionales superan con creces cualquier costo académico. Es una oportunidad que no se obtiene dentro de un ramo común”. 

​De cara al futuro, este grupo de estudiantes hace un llamado a la comunidad del DIC a derribar los mitos sobre el idioma o el retraso curricular, invitándolos a ser parte de la movilidad internacional. Para ellos, el intercambio no fue una pausa en sus estudios, sino la aceleración definitiva de su visión como ingenieros e ingenieras globales. 

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