Para Marcela Aravena, recibir el Premio Ingeniero del Año AICE 2026 tiene un significado que va más allá del reconocimiento individual. Es también una oportunidad para dar visibilidad a un campo de la ingeniería estructural que, según explica, sigue siendo poco conocido: el diseño y la revisión estructural y sísmica de líneas y subestaciones eléctricas.
Ingeniera Civil Estructural de la Universidad de Chile, con más de 30 años de trayectoria, ha desarrollado gran parte de su carrera profesional en un sector donde debió abrirse camino entre ingenieros eléctricos y enfrentar las dificultades que significaba ser mujer ingeniera en la época en que comenzó a trabajar.
En su historia conviven la perseverancia, el apoyo de colegas que reconocieron sus capacidades y una decisión que considera fundamental para su vida: trabajar de manera independiente para compatibilizar sus intereses personales y profesionales.
El premio también tiene una dimensión familiar. Marcela destaca especialmente haber podido compartir este reconocimiento con sus padres, quienes han sido un apoyo importante a lo largo de su vida.
Este año AICE la reconoce con el Premio Ingeniero del Año 2026. ¿Qué significa para usted recibir este reconocimiento de parte de sus pares?
Es un gran honor para mí que mi trayectoria profesional sea reconocida por mis colegas, sobre todo porque, además, ha sido en un sector poco conocido como campo de trabajo para los ingenieros estructurales como son las líneas y subestaciones eléctricas.
Asimismo, me hace tremendamente feliz haber podido compartir esto con mi familia; en particular con mis padres que siempre han sido un gran apoyo para todos nosotros.
Abrirse camino y encontrar su propio espacio
Marcela describe su trayectoria como una carrera desafiante. A las dificultades asociadas a la participación de mujeres en ingeniería se sumó el hecho de desarrollar su especialidad estructural en un entorno profesional compuesto principalmente por ingenieros eléctricos.
Sin embargo, al recordar ese recorrido, también destaca el apoyo recibido y la importancia que tuvo para ella encontrar profesionales que confiaran en sus conocimientos.
Mirando hacia atrás, ¿cómo resumiría estos más de 30 años de trayectoria en ingeniería estructural y sísmica aplicada al sector eléctrico?
Ha sido una carrera muy desafiante porque entre otros ha habido varios obstáculos, principalmente relacionados con la mentalidad sobre las mujeres ingenieros en la época en que estudié y comencé a trabajar, a lo que se suma el hecho de ser mujer estructural en un mundo de hombres ingenieros eléctricos.
Sin embargo, también he tenido el fuerte apoyo de varios ingenieros, principalmente eléctricos, que reconocieron en su momento mi calidad como profesional y como aporte al desarrollo del sector eléctrico.
A eso se suma que yo soy bastante resiliente, lo que me ha permitido volverme a parar, seguir buscando y lograr encontrar los espacios en los que he querido desarrollarme profesionalmente. Creo importante destacar que esta trayectoria, que a mí me ha llevado a sentirme muy realizada profesionalmente, también ha logrado que se reconozca la importancia de nuestra profesión en la infraestructura eléctrica. Mi frase motivacional la tomé de la protagonista de una película muy antigua: “no importa, mañana será otro día”.
Esa búsqueda de espacios para desarrollarse profesionalmente también estuvo vinculada a la manera en que Marcela quería organizar su vida. Desde 2012 trabaja de manera independiente. Una decisión que no presenta únicamente como un cambio laboral, sino como una forma de compatibilizar sus proyectos profesionales con inquietudes personales, viajes y participación en distintas actividades técnicas y gremiales.
Usted comenzó trabajando en empresas de ingeniería y de transmisión, y desde 2012 se desempeña de manera independiente. ¿Qué aprendizajes le dejó ese cambio en su forma de ejercer la ingeniería?
Para mí el trabajar de manera independiente es más una decisión de vida que solo de trabajo, ya que desde el punto de vista laboral, hay mucha variabilidad en los ingresos, hay que gestionar en simultáneo la adjudicación de nuevos proyectos, hay que gestionar el posicionamiento propio en el mercado y varios otros temas que, en una empresa, lo hacen otras personas.
En mi caso, esto no fue de un día para otro. En torno a los 12 o 13 años de carrera, comencé a tener otras inquietudes que no era fácil poder realizar cuando hay que cumplir horarios en el trabajo, razón por la cual comencé a evaluar la posibilidad de independizarme.
Comencé con lograr que me aceptaran trabajar medio tiempo en una empresa de transmisión, manejando algunos proyectos y el resto del tiempo hacía trabajos de diseño de torres y algunas revisiones sísmicas de manera particular. Hasta que finalmente tomé la decisión de independizarme completamente.
A mí me gusta trabajar así, porque he podido compatibilizar muy bien mi vida personal con mi vida profesional, lo que incluye tener disponibilidad para viajar por placer, no solo por trabajo, así como elegir los proyectos en los que me interesa trabajar, además de integrar grupos técnicos, grupos normativos, hacer clases y tener una participación activa en asociaciones gremiales relacionados con mi rubro de trabajo como son AICE y CIGRE.
Una frase que utilizo muchas veces que resume lo anterior y me representa completamente es “no hay nada mejor que cuando el trabajo y el placer están juntos”.
El terremoto de 2010 y la búsqueda de nuevos estándares
Entre los hitos que marcaron su carrera, la ingeniera civil identifica su participación en el Comité Especial de CIGRE Chile que analizó las fallas del sistema eléctrico después del terremoto de 2010.
Era la única ingeniera estructural entre ingenieros eléctricos. Según relata, esa experiencia le permitió plantear la necesidad de desarrollar requisitos sísmicos que consideraran no solo los equipos eléctricos, sino también las estructuras y obras civiles.
A partir de entonces comenzó a participar en distintas instancias de trabajo técnico, seminarios, congresos y actividades de capacitación relacionadas con líneas y subestaciones de transmisión.
Su trayectoria incluye publicaciones técnicas en CIGRE Chile y congresos internacionales, además de su participación como experta técnica en el Comité Consultivo de la Comisión Nacional de Energía para elaborar los Requisitos Mínimos para el Diseño de Instalaciones de Transmisión, oficializados en septiembre de 2020. En ese proceso se incorporaron por primera vez requisitos estructurales.
Otro hito fue su trabajo como asesora sísmica de la Comisión Nacional de Energía entre 2022 y 2025 para la elaboración de los Requisitos Sísmicos para Instalaciones Eléctricas de Alta Tensión, oficializados en enero de 2025.
Para la profesional, el valor de estos requisitos está especialmente relacionado con el objetivo de garantizar la disponibilidad de operación de las instalaciones después de un terremoto. Explica que las líneas de transmisión y las subestaciones presentan desafíos diferentes. En las líneas, el diseño requiere comprender aspectos como viento, hielo y conceptos eléctricos; en las subestaciones, en cambio, es necesario entender tanto la respuesta sísmica como el funcionamiento de los equipos que las estructuras soportan.
Fue asesora sísmica de la Comisión Nacional de Energía entre 2022 y 2025 para la elaboración de los Requisitos Sísmicos para Instalaciones Eléctricas de Alta Tensión. ¿Por qué esta norma marca un hito para el sector eléctrico nacional?
Porque es la primera norma sísmica nacional para el sector eléctrico; antes existían requisitos sísmicos solamente para los equipos eléctricos, requisitos que, además, solo redireccionaban a otras normas, algunas de ellas incluso obsoletas.
Adicionalmente, esta norma incluye claramente las responsabilidades de todos los “actores” del sistema eléctrico, es decir, no solo del diseñador, sino que también las responsabilidades de los Propietarios y del Coordinador Eléctrico Nacional, entre otros, y obliga a tener un Revisor Sísmico Independiente, lo que permite que los nuevos proyectos estén regidos por requisitos y responsabilidades explícitas e iguales para todas las nuevas instalaciones.
A lo anterior se suma la obligatoriedad de que los propietarios de instalaciones existentes realicen un Estudio de Estado de Situación de dichas instalaciones con respecto a los requisitos sísmicos de modo de conocer la real resiliencia que nuestra infraestructura eléctrica ante un próximo terremoto.
Quisiera agregar que esta norma no solo es un hito sectorial, en mi opinión es un hito nacional, porque es la primera norma sísmica realmente enfocada en la continuidad del servicio después de un terremoto y por lo mismo, no es una norma sísmica realizada solo por estructurales.
El valor del trabajo colaborativo
El desarrollo normativo ha ocupado un lugar central en su carrera. Marcela ha integrado grupos de trabajo nacionales e internacionales y destaca que estas instancias permiten reunir experiencias diferentes para construir recomendaciones y requisitos técnicos.
También llama la atención sobre las condiciones en que se realiza este trabajo. Señala que la elaboración de normas depende en gran medida de la participación ad honorem de profesionales y plantea la necesidad de contar con una mayor preocupación desde las políticas públicas por su actualización.
Para ella, las normas reúnen lo que se conoce como la buena práctica de la ingeniería, pero deben revisarse periódicamente porque el conocimiento, la experiencia y las necesidades del sector evolucionan.
Esa experiencia también ha tenido una proyección internacional. Desde 2022 participa en un grupo de trabajo de CIGRE Internacional sobre resiliencia sísmica de subestaciones eléctricas, junto a profesionales de distintos países.
En el Congreso CIGRE París 2026 presentó un trabajo sobre las similitudes y diferencias entre los requisitos sísmicos chilenos y la norma IEEE Std 693. En su análisis destaca que los terremotos de subducción, como los principales que ocurren en Chile, tienen características distintas a los asociados a fallas sísmicas consideradas en esa normativa estadounidense, por lo que es necesario evaluar qué requisitos pueden compartirse y cuáles deben ser diferentes.
De esa experiencia rescata una idea central: “Lo más relevante es entender que no todos los terremotos son iguales”.
Enseñar, compartir y pasar el bastón
Uno de los desafíos que más preocupa actualmente a la galardonada es la formación de nuevos especialistas. Según explica, existe una falta de ingenieros estructurales dedicados al sector eléctrico. Entre sus causas identifica la escasa presencia de estos contenidos en la formación de pregrado y la pérdida de conocimientos y experiencia de generaciones anteriores.
Por eso considera especialmente relevante la creación del Diplomado de Diseño Estructural en Infraestructura Eléctrica de la Universidad de Los Andes, que comenzó en agosto de 2026 y del cual es profesora.
La iniciativa representa uno de los hitos más significativos de su trayectoria reciente, porque responde a un objetivo que venía impulsando desde hace tiempo: contribuir a formar profesionales que puedan trabajar y continuar desarrollando esta especialidad.
Después de tantos años participando en desarrollo normativo y actividades técnicas, ¿qué desafíos ve hacia adelante para seguir difundiendo y actualizando estos criterios?
El desafío es “pasar el bastón” y para eso no basta con quererlo, hay que hacerlo. Hoy, hay varios ingenieros eléctricos que son expertos sísmicos en equipos eléctricos que ya se retiraron o están en retirada y yo, que no puedo ni quiero estar en todas, más temprano que tarde, también estaré en retirada.
Creo que es parte de nuestra responsabilidad como ingenieros traspasar nuestros conocimientos y experiencia para que las nuevas generaciones comiencen desde una base sólida y puedan enfrentar los nuevos desafíos.
Por eso, el haber iniciado este año el Diplomado en la U. de los Andes, nos da algo de tiempo para que los ingenieros que estamos formando puedan adquirir su propia experiencia y sean prontamente la próxima generación que se ocupe de la difusión y sobre todo actualización de estos requisitos.
En su mirada, la experiencia acumulada no establece una distancia que deba impedir las preguntas o el intercambio entre generaciones.
¿Qué le interesa transmitir a las nuevas generaciones de profesionales desde su rol como profesora?
A mí me gusta mucho mi trabajo y me gusta mucho enseñar, por eso me interesa transmitir no solo conocimientos y experiencia, también que nuestro trabajo es importante, desafiante y entretenido.
Y lo otro que me interesa transmitir, sobre todo a los más jóvenes, es que el hecho de que yo sea ingeniero senior no significa que sea más importante que ellos, solo significa que tengo más años, y que pueden contar con mi apoyo cuando lo requieran y no solamente durante lo que dure el Diplomado.
Su visión también se extiende al trabajo gremial. Socia de AICE desde 2021, ha sido relatora de cursos, integrante del Comité de Cursos y directora de la asociación. Valora especialmente las instancias de capacitación dictadas por profesionales que comparten los conocimientos adquiridos en su experiencia laboral.
Un mensaje para las mujeres y las nuevas generaciones
Al mirar su trayectoria, Marcela vuelve a conectar dos aspectos de su historia: las dificultades que enfrentó para encontrar su lugar como mujer ingeniera y el apoyo de quienes confiaron en sus capacidades.
Hoy, desde la experiencia acumulada, busca que las nuevas generaciones puedan recorrer sus propios caminos con mayor confianza, sin dejar de preguntar, cuestionar y aprender.
¿Qué mensaje le gustaría entregar a los ingenieros e ingenieras jóvenes que están comenzando su carrera?
A nuestros ingenieros e ingenieras más jóvenes les digo: pregunten, cuestionen, vayan a terreno, aprendan, recuerden que más temprano que tarde ustedes serán los líderes de nuestra ingeniería y deberán a enfrentar nuevos desafíos con la tremenda responsabilidad de, a lo menos, mantener el prestigio internacional que tiene la ingeniería chilena.
Y a nuestras ingenieras les digo: saquen la voz, muéstrense, no tengan miedo, confíen en sus capacidades. No tenemos que demostrar que somos igualmente capaces, tenemos que MOSTRAR que lo somos.
Ese mensaje se relaciona con la manera en que le gustaría que fuera recordado el Premio Ingeniero del Año AICE 2026: “Como un reconocimiento a mi aporte a mejorar los estándares de nuestra ingeniería, a la formación de ingenieros estructurales y a posicionar a la ingeniería estructural en el lugar de importancia que tiene dentro de la infraestructura eléctrica”.

