Entre el 8 y el 10 de enero de 2026, estudiantes de Ingeniería Civil realizaron su práctica de Topografía en el sector de Rinconada de Maipú, en la Región Metropolitana. Durante tres días consecutivos, el estudiantado trabajó directamente en terreno levantando información que luego fue utilizada para el diseño de un trazado vial, una tarea fundamental en la planificación y construcción de caminos, calles y carreteras que forman parte de la vida cotidiana de las personas.
La actividad consistió en la medición detallada del terreno mediante instrumentos topográficos especializados, como el taquímetro y el nivel, herramientas que permiten determinar distancias, pendientes y ángulos con alta precisión. Estos datos son esenciales para definir, por ejemplo, por dónde debe pasar un camino, cómo se adapta a la topografía del lugar y de qué manera se pueden minimizar riesgos como inundaciones, deslizamientos de tierra o problemas de visibilidad para conductores y peatones.
Bastián Cornejo, auxiliar del curso, explicó que la práctica busca integrar los contenidos teóricos del curso con una experiencia real de trabajo en terreno. “La práctica de Topografía consiste en el levantamiento y posterior diseño de un trazado vial. Para ello, las y los estudiantes realizan mediciones en terreno durante tres días consecutivos, y luego procesan esta información para desarrollar un diseño que se materializa en un plano final”, indicó.
Además del trabajo en terreno, las y los estudiantes utilizaron software ampliamente empleado en el ejercicio profesional, como AutoCAD para el dibujo técnico y Surfer para el análisis de movimientos de tierra. Estas herramientas permiten simular cómo se comportará el terreno ante una obra vial y optimizar los diseños antes de su construcción, reduciendo costos y aumentando la seguridad de las infraestructuras.
La práctica fue guiada por un equipo docente conformado por los auxiliares Bastián Cornejo y Raimundo Salas, junto a los ayudantes Daniel Aravena, Sebastián Hernández y Vicente Prades. La realización de la actividad en días consecutivos favoreció la continuidad del aprendizaje, una mejor organización del trabajo y una experiencia más cercana a las dinámicas reales de los proyectos de ingeniería.
Desde la experiencia estudiantil, la práctica fue valorada no solo por su componente técnico, sino también por su carácter formativo. Vicente Prades destacó que el trabajo en condiciones reales permitió dimensionar la importancia de la topografía en la ingeniería civil. “Uno realmente se da cuenta de lo útil que es esta práctica, porque te enfrenta a mediciones complejas que hacen el trabajo más desafiante e interesante. Ahí se aprende de verdad”, señaló.
Al término de la actividad, se espera que las y los estudiantes cuenten con las competencias necesarias para comprender el territorio, manejar instrumentos de medición y procesar información técnica de manera profesional. Con ello, se forman ingenieras e ingenieros capaces de contribuir al diseño de infraestructuras más seguras, eficientes y acordes a las necesidades de la sociedad, impactando directamente en aspectos tan cotidianos como la calidad de los caminos, la movilidad y el desarrollo urbano.

